Antes de tu partida, me entregaste
 un fragante ramito de violetas.
 Contra mi pecho, amorosamente lo estrechaba...
 Confesándole... cuanta te amaba...

 Mis lagrimas caían como rocío.
 A cada pétalo acaricicaba...
 Cerrando mis ojos...
 a tu bello rostro, evocaba...

 Querido mío, si dieras sosiego a mi alma,
 paz a mi corazón.
 una respuesta del tiempo,
 es todo lo que pido yo.
 ¿Te traerá la tarde?...
 ¿El día?... o tal vez... ¿La quietud de la noche?...

 Una tarjeta, con cierta esquela un día llegó...
 Pronto... interrumpió mis tareas.
 traian tus palabras de amor,
 que me decían...
 "Amada mía...aquí estoy"...