Cuando miro una rosa roja...
evoco tanto nuestros besos,
que se abrazan nuestras lenguas
como dos brasas que se encienden,
a un mismo tiempo.
Cuando miro las rosas rosadas...
siento como tus manos amadas...
acarician mi ser entero,
en esas caricias tan deseadas.
Cuando miro una rosa blanca...
es mi alma enamorada,
que presurosa, va en busca de la tuya.
Por quererte, por amarte,
y por tanto necesitarte.
¡Y qué decir de las rosas amarillas!...
¿Qué las olvidé? Para nada, encanto mío.
Siempre las contemplé,
por alegres, por bonitas
y por su dorado color.
Me recuerda a nuestros encuentros.
Siempre llenos de dicha y bien querer.

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