Después de saber que su tío Enrico, se hallaba gravemente enfermo, el joven Marco, se había empeñado en casarse con su prima. Pidió la mano de la joven Bianca, una niña pálida, de cabellos renegridos, y de quince años de edad.  Se comprometieron en Italia.  Marco estaba dispuesto a casarse con ella, no dudaba ni un instante. Intentaba ser muy atento y agradable con su futura esposa. Pero Bianca se sentía muy triste porque hace pocos meses había fallecido su querida madre. Sentía temor de estar lejos de su padre. Los acontecimientos la habían dejado delicada y deprimida.  Marco vivía en Rusia hace años, pero el Sr. Enrico se hallaba firme en casar en realizar aquella unión. Quería que el esposo de Bianca, fuera un caballero amable y protector, él estaba seguro de que su sobrino, haría feliz a su hija.  Después de un mes, el Sr. Enrico decidió quedar al cuidado de su servidor y se médico personal. Le dio permiso a Marco para que llevara a Bianca a reencontrarse con su familia.  Con los días que habían pasado, a la joven le parecía agradable la compañía de Marco. Su locuacidad y habilidad la habían conquistado. Aunque sentía vergüenza, amaba su forma de ser, tan galante y tan buen caballero. Temía a que él lo supiera, solo por timidez.  Cuando llegó a la casa de Marco, le pareció bonita. Y se encontró con las dos hermanas de él. Pero se emocionó al abrazar a su Tía Isabella, le hacía recordar a algunos momentos de su infancia. Fue muy bien atendida, y había una visita de un señor amigo de la familia. Estaba dispuesto el exquisito té, a su izquierda se había ubicado Marco, tomándole la mano con suavidad. A al frente estaba la Sra. Isabella, con sus hijas a sus dos lados. Mientras que aquél señor, estaba sentado en un sofá, parecía que tuviera una personalidad independiente y diferente. Ya le había deseado felicidades a Marco sin mucha ceremonia. Bianca pensaba que seguramente lo conocería profundamente, o quizás hace tiempo. Repentinamente sentía timidez, y a pesar de estar contenta, no se sentía cómoda, pero intentó contenerse. De pronto deseó encontrarse en Italia, pero ya era tarde.  Pasaron unos minutos, y llegó otro señor que la familia conocía, aparentemente buscando al anterior. El primer señor se despidió de todos, deseándoles lo mejor. De repente, Bianca se estremeció de sorpresa al ver de lejos, que los dos señores se habían dado un beso inapropiado al saludarse, antes de marcharse. Instintivamente se aferró al brazo de Marco, éste le preguntó como se encontraba, pero Bianca fingió una suave sonrisa.  Volvieron a sentarse, la joven no dijo nada referente al asombro que disimulaba. Sentía más timidez que antes, pero debía esconderla. Aunque no la dejaba tranquila esa sorpresa, le pareció un horrible atrevimiento, una falta de respeto.  La Sra. Isabella le pregunto mas sobre la salud de su padre, el Sr. Enrico, pero la joven hablaba aún menos que antes, respondía dubitativamente, parecía estar pensando en otro tema, o al menos no sabría que decir. El rostro de Bianca era aún más pálido, estaba nerviosa porque no se atrevía a preguntar sobre lo sucedido, y la sorprendía que nadie había comentado nada. Sin darse cuenta, volvió a tomar la taza tan rápidamente, que se le deslizó de la mano y cayó al suelo. Su futura suegra le otorgó una mirada fríamente cruel, porque había roto la taza de finísima porcelana, una de sus favoritas. Bianca la miró con gran vergüenza, luego de ese instante, pidió disculpas con lágrimas en los ojos. Marco le aseguraba que no debía preocuparse, pero la hermana mayor de él, llamada Rosa, le explicó a su madre el motivo por el cual estaba tan incómoda la joven. La Sra. Isabella, le comentó que la falta fue de su propio hijo por no haberle hablado sobre las costumbres del país, aunque por lo bajo, deslizó unas palabras en Ruso a su hija: - Es una muchacha inútil, no sabe ni siquiera hablar... ¿Cómo no preguntó como sería donde debe vivir?... pero quizás tenga otro tipo de virtud que no se nota en su persona.  Rosa se acercó enseguida a Bianca y le contó que era habitual es tipo de saludo, que no volviera a inquietarse. La joven quedó mas tranquila, aunque se sentía culpable por haber roto la taza, le pareció un mal indicio, y que había arruinado todo. Pero de pronto pensó que si era normal saludarse de esa manera, seguramente no estaban conformes con ella, porque en ningún momento la saludaron con la "amabilidad" que lo hicieron aquellos señores.   No había tenidos buenos momentos. Las horas pasaban llenas de silencio, y de pensamientos que la llenaban de inseguridad. Pasó una noche sin poder conciliar el sueño, por temor de haber disgustado a su familia, y lo peor sería, quizás desagradar a su prometido. No lo había notado diferente, tal vez se le había encerrado en esa idea, por quererlo. Se hallaba en un país tan distinto a Italia. Había pensado que sería todo maravilloso. Pero estaba decidida a continuar con sus propias costumbres, era una extranjera, y estaba segura que por ese motivo, sería comprendida.  Al día siguiente, Bianca caminaba por una sala, se le ocurrió subir las escaleras, quizás por casualidad. Cuando se disponía a seguir por un pasillo, vio que su prometido saludó a una mujer, con la misma gentileza de aquellos señores. Bianca se escondió detrás de la pared, se sentía agitada. Muy sorprendida se dijo a sí misma: "Oh... no... significa que mi prometido besa a cualquier persona... todo porque aquí es habitual... ¡Qué vergüenza!... yo jamás lo haré".  En verdad, Marco se estaba en la puerta de donde se cocinaba y se estaba despidiendo de aquella mujer. No se sorprendió al descubrir a su prometida, porque ya la había visto muy fugazmente. Bianca parecía presurosa y avergonzada, pero él dijo que le iba a mostrar las pocas habitaciones de arriba. Caminaron por el pasillo tomados de la mano. Marco le presentó a la mujer que había saludado previamente. Era cocinera, la encargada de guiar a las demás. Se llamaba Petra, era una mujer rubia y voluptuosa.  Bianca pensaba que su prometido había saludado correctamente a esa mujer, ¿Cómo podía ser que a ella no?. Comenzó  a sospechar que su prometido estaría disgustado por su actitud del día anterior. Mientras bajaban por la escalera, muy lentamente, Bianca no podía soportar su preocupación y le pidió disculpas por haberlo disgustado. Él sin comprender, se detuvo, y le dijo que nada malo había hecho, y que era una joven encantadora. Ella se sonrojó y quedó en silencio. Marco miró hacia atrás rápidamente, la abrazó con cuidado, y protegiéndola entre sus brazos, la beso con suavidad. Dulcemente le dijo que la comprendía, y que debía mantenerse mas tranquila, solo deseaba su bien. Bianca quedó mas cautivada por él, no creía que existiera alguien que se le asemeje, comenzaba a suspirar y a pensarlo aún más. Estaba enamorada de sus ojos profundos, su figura esbelta, y toda su elegancia.  Pasaron quince días felices, la joven veía a su prometido lleno de energía. Varias mañanas vio como saludaba a la cocinera, luego almorzaba en familia. También trabajaba, cuando podía ir a tomar el té, le decía que la amarla tanto. Cenaba en la casa, pero algunas noches iba a ver a un amigo que se hallaba enfermo... a pesar de las quejas de la Sra. Isabella. Muy pronto, Bianca mantuvo buena relación con Rosa, y ésta le enseñó algunas palabras en Ruso. La joven estaba muy entusiasmada con estudiar el idioma, ya que era tan dispuesta para el estudio.   A la casa, llegaban algunos conocidos, uno de ellos concurría bastante seguido. Se llamaba Ladislao, era un joven un poco rubio, de ojos verdes, sabía hablar Inglés e Italiano. De vez en cuando, miraba intensamente a Bianca, se había sentido muy fuertemente atraído. Bianca había notado que ningún caballero la había saludado como lo había hecho Marco con la cocinera, pero por discreción no lo comentó, ni nada especial pensó.  Una vez, pudo ver con cuanta devoción, su prometido había saludado a Petra. Cuando Marco la vió repentinamente, se paralizó, pero enseguida fue a abrazarla, la beso con gran pasión y con sentimiento le susurró: - Me has sorprendido... porque de verdad... estoy enamorado de ti... de solo verte, se exaspera mi alma.      La cocinera, que casi nunca hablaba, y menos con personas a las que no les tenía confianza, hizo una respetuosa reverencia frente a la joven pareja, y se retiró.  Bianca muy feliz, se fue a la sala. Amaba intensamente a su compañero, no había más respetuoso y galante que él. Le parecía que los demás caballeros eran algo toscos y poco amables.  Esa misma noche, el joven Ladislao, fue de visita. Mientras tomaban el té y Rosa tocaba el piano. Intentaba conversar con Bianca, como tantas veces ya lo había hecho, finalmente le preguntó si extrañaba demasiado su país natal. Ella misma sintió vergüenza ante la mirada fija del joven, además no estaba habituada a hablar con un caballero que no fuera su prometido, quizás la viera, y estando tan lejos de su padre. Pero se sentía tan feliz por haberse comprometido con Marco, que decidió dominar su actitud, respondiendo que estaba muy bien. Ladislao le preguntó como era Italia, pensaba viajar pronto allí. Hablaba el italiano, pero no tenía una pronunciación clara. Muy poco conversaron, pasaron dos horas mas. Marco se despidió como siempre de su querida, le había dicho que debía ver a un conocido, que había prometido ir. La Sra. Isabella se mantuvo muda, prefería no interferir profundamente en los asuntos de su hijo. Mientras la señora se despidió de sus cuñados, y sus hijas habían ido a arriba. El joven ruso se acercó a Bianca otra vez, y muy decidido le dijo: - Perdone, sé que está prometida a Marco... pero hay algo que usted no se da cuenta aún, y pronto lo sabrá.  - Señor... yo solo sabré que es un caballero amable y respetuoso...  Él la interrumpió diciéndole: - Y yo solo quiero hacerle un bien... no confíe tanto en él, ni sea tan crédula. Usted debe ver la realidad. Conozco a Marco, y él no va a ver por las noches a ningún amigo enfermo...  Bianca intento irse, pero él la detuvo tomándole las manos, ella lo miró temerosa, mientras él continuó: - Él va a ver a alguna mujer no digna... nadie sabe que su amante es la cocinera... y yo se lo digo porque desde que la vi, la aprecié de corazón, de lo contrario... nada hubiera dicho... perdóneme...  En ese momento oyeron un ruido, Ladislao volvió a su lugar presurosamente. Bianca estaba inmóvil, no le creía. Tomó esas palabras como una actitud de celos y egoísmo. Estaba segura que Marco saludaba a la gente como era usual allí, solo que con sus parientes no lo haría por respeto, quizás. También pensaba que era un italiano como ella, jamás se adaptarían del todo a otras costumbres, y por ese motivo se comportaba así. Sinceramente, no quería volver a ver a ese hombre que intentaba engañarla, quería escapar de su presencia, pero tenía otro remedio más que disimular.  Cuando la Sra. Isabella pidió café, se dispuso a sentarse a su lado, y cerca de ella, estaban las hermanas de Marco.  Bianca sentía enojo por primera vez de verdad, estaba ofendida con Ladislao, ni una vez mas le había dirigido la mirada, aunque se daba cuenta que él si la miraba casi continuamente.  Su tía esbozó en voz alta, el deseo de que su hijo llegue pronto. La joven, le dijo que estaría bien y seguro llegaría cuanto antes. Al instante, Ladislao preguntó a la Sra. Isabella, cuando se casaría su hijo. La señora respondió que hace muy poco se había comprometido, pero que aún no había acordado una fecha específica con el Sr. Enrico, aunque pensaba que sería pronto. De pronto, Bianca agregó: - Estoy bien porque recibí buenas noticias de mi padre, él está mejor. Me escribió que cuanto antes deseaba casarme... yo sé que lo quiere así, porque la amabilidad y respeto de su hijo, nadie poseé.  - Querida... te agradezco que hayas reparado en sus virtudes.  Bianca agregó: - Es cierto Señora... es un caballero... tanto así que todas las mañanas le da saludos muy cordiales a la cocinera.  La señora se sorprendió y dijo: - Hija... ¿Qué significa lo que dices?... no comprendí...  - Quiero decir que yo aún no me habitúo al saludo usual de aquí, pero su hijo es tan amable que intenta cumplirlo como se debe... por ejemplo... llega a besar a la cocinera para demostrarle que podrá ser un buen amo, y además es tan gentil, él mismo me lo explicó, y jamás podría ignorar a una persona, o no darle un cordial saludo.  La señora abrió aún mas sus ojos, repentinamente se hechó hacia atrás, diciendo que estaba disgustada, su hija menor corrió a auxiliarla. Lo que acababa de oír era escandaloso, se había dado cuenta que su hijo tenía una amante vulgar, si tan siquiera hubiera sido una Dama.  Bianca no comprendía lo que sucedía, en un principio había pasado vergüenza por no saber sobre las costumbres del país, y ahora ¿La volvería a pasar por haberlas aceptado?. No entendía nada, el tema de los saludos le traían complicaciones. Volvió a asegurarle a la señora que sería feliz y que no había motivos para disgustarse.  Rosa quería hablarle a parte, y aunque ella se negaba, terminó cediendo. La muchacha le dijo: - Querida prima... eres demasiado ingenua e inocente, como también muy bondadosa... pero mi deber es decirte que ese saludo está solo permitido entre caballeros... si me hubieras preguntado más sobre ese tema, o me hubieras hablado del comportamiento de mi hermano... para con aquella mujer... hubiera sido todo diferente. Pero creo que ahora comprendes porque tanto disgusto... lo siento mucho... sinceramente.    Con estas palabras, se retiró a acompañar a su madre a la habitación, seguramente volvería después. Bianca estaba inmóvil otra vez, sentía el dolor del engaño, aunque no lo podía creer, estaba tan decepcionada en un momento. Lo peor de todo era la vergüenza que volvía a pasar, y esta vez mucho peor.  Ladislao se acercó a ella y le dijo: - Señorita, yo se lo había avisado, ahora ¿No me creé?...  Bianca no quiso responder, se sentía destrozada. Pero él le confesó su amor sincero, ella no quería saber nada y corrió hacia la habitación que le correspondía. Se echó sobre la cama, llorando desconsoladamente.  Al rato, llego arco, ya se había marchado su amigo. Pero su hermana mayor lo detuvo para contarle lo sucedido, le dijo que la cocinera estaba despedida, y luego se retiró. Marco estaba enfurecido. Él mismo ubicaría a la cocinera, pronto lo había decidido. Pero el problema era Bianca, no quería renunciara casarse con ella, porque era una joven adinerada, que tendría una importante herencia algún día, y él era muy ambicioso. Quiso ir a la habitación de su prometida, pero no tuvo respuesta, insistió mucho más, y nada sucedió. Su enojo era muy fuerte, había perdido a su amada amante, y a su tonta y adinerada prometida.  Esos días, Bianca no quería ni verlo, pero la Sra. Isabella la obligó a comer con él en presencia. Cuando Marco intentaba reconquistarla, la joven sentía desilusión y gran dolor. Directamente no le hablaba, estaba decidida a ignorarlo, y a contarle todo a su padre cuando volviera a s país natal.  Pasó un mes de lo sucedido, y había sido una convivencia insoportable para Marco, prefería ser el caballero de siempre, que aceptar el negocio de casarse con Bianca, la joven sería imposible, y con los años estaría aún peor. Entonces, le avisó que en pocos días viajaría a Italia, que la acompañaría la cuñada de la Sra. Isabella, y que le enviaba una carta a su tío, ya que no lo veria. Marco era el único que sabía lo que decía la carta, se la enviaba especialmente a su tío, pero a nadie se lo había dicho. Bianca deseaba solamente volver a Italia cuanto antes, estar con su padre, se sentía mas animada porque escaparía del dolor de ver a su amado. Sabía que cuando su padre lo supiera todo, no querría efectuar ese casamiento Rosa, se había lamentado por aquel disgusto, porque apreciaba a Bianca.  Cuando volvió a Italia se emocionó, y lloró al encontrarse con su padre. Cuando se calmó le entregó la carta de Marco. El Sr.Enrico se fue a su escritorio, y abrió la carta, decía: "Señor, su hija vuelve para siempre a sus manos. No se adapta a este país. Además de extrañarlo, mostró su mudez e incomodidad. Mi propuesta no sería la mejor para ella, lo necesita. Y mi Madre decidió que no debía existir un enlace. Mis Disculpas"  El Sr. Enrico, en el fondo, no deseaba que su hija viviera lejos, pero quería que se casara con su sobrino, que le parecía mejor que cualquier otro muchacho. Podía recordar lo bien que se había preparado Bianca para ir a Rusia, todo parecía marchar por buen camino, se lo idealizaba como el mejor enlace. Pero su hija había vuelto tan distinta y extraña. Tenía malas noticias sobre la posible unión, y todo sería por culpa de la falta de deseo de Bianca por llevar a cabo esa boda. Pensó que su hija quiso desobedecerle comportándose a propósito de una manera inútil, para conseguir el anulamiento del compromiso. Él era su padre, y haría respetar sus decisiones estrictamente.  Bianca supo que su padre pedía su presencia de inmediato. Mientras se dirigía al escritorio, presentía que le hablaría sobre Marco, estaba dispuesta a decirle la verdad de todos modos. Mientras su padre se acercaba, se mantenía en silencio. El señor le dijo: - Hija... tengo malas noticias, a causa de ti... de tu comportamiento...  Con suavidad, Bianca se interpuso: - Perdone Padre...  El señor, mas firme aún, la interrumpió: - ¿Cómo te atreves a interponerte en mis decisiones? Eres mi hija, y debes obedecerme...  Luego de un silencio lleno de angustia, la joven dijo: - Siempre le obedecí... solo que sucedieron cosas extrañas... me dijeron que mi prometido no llevaba una vida moral y digna...  - ¿Quién lo dijo? ¿Quién mintió?...  - Fue...alguien... y finalmente descubrí que él tenía... otra compañía... perdone... quiero decir que... otra mujer...  Bianca tenía lágrimas en los ojos, pero su padre no le creyó y la hizo culpable de la ruptura del buen enlace. Luego del enojo y disgusto de su padre, la joven lloró sin consuelo en su habitación. Estaba muy dolorida, porque aún amaba a su primo. En el fondo, se imaginaba que aquella carta que Marco le envió a su padre, la defenestraría, y hasta quizás, pondría supuestas palabras de su madre, la Sra. Isabella.  Esos días fueron terribles, pero el tiempo fue pasando. Finalmente contrajo matrimonio con un joven que vivía en su país. Y a sus 25 años, tuvo su primer hijo. Mientras lo mecía, le decía suavemente al pequeño: - Mi dulce niño... estoy tan feliz de tenerte... y protegerte.  Amaba a su hijo, y se sintió verdaderamente responsable. De pronto evocó su pasado, mientras recordaba su extrema inocencia, se dijo a si misma: "Qué ingenua... y tonta era". Sonreía al pensar en ello.