Fuí despierta por dos angelitos tan bellos,
corriendo y jugando por todo el salón.
Piecitos tan blancos, igual que sus alas,
de ojos celestes, tan dulces miradas.
Bajaron del cielo con una misión,
tocando un flautín, tocando un tambor.
Llenando la casa con tan linda canción.
Cantaban y bailaban, el piano ejecutaba yo.
Que noche de dicha, alegria y color.
¿Cómo pudo suceder este milagro de amor?
El angelito de cabellos de miel,
me dijo sonriente... "Dios... te quiere bien".
Sus manitas rosadas me tocaron,
sin querer, y de ellas se desprendieron
brillos por doquier, impacientes solicitaban,
"Regresa a la cama... velamos por tí".
Al despertar al alba, el tibio sol se asomó,
y sobre una mesa, cerca del aparador,
en un hermoso florero, un ramo de flores,
que es todo un verdadero primor.
Fue un obsequio de los ángeles,
cupidos traviesos, que esta madrugada
me anunció tu amor.
Pequeñitos bellos, que me guarden siempre,
me regalan sus sonrisas,
cada vez que regresan.

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