
En las noches de insomnio,
que acuden a mi alma
dolorida y enferma
sin poder dorminarme.
El pensamiento no descansa,
mil ideas se presentan
en el silencio absoluto,
de la noche tan quieta.
Solo los grillos se oyen,
el viento que suave susurra,
acariciando las hojas de las ramas.
Todo es silencio y calma,
soledad absolutamente mía,
el sonido del viejo reloj
que duerme en aquella mesa.
Mis cerrrados párpados...
por empeñarse, parpadean,
mas no concibo el anhelado sueño,
avocándome en tu presencia,
gritarte desesperado, si por mi amor...
aquí estuvieras...






